"Sin unos ideales éticos

"Sin unos ideales éticos, un periódico podrá ser divertido y tener éxito, pero no sólo perderá su espléndida posibilidad de ser un servicio público, sino que correrá el riesgo de convertirse en un verdadero peligro para la comunidad".
Joseph Pulitzer

martes, 12 de julio de 2011

El ¿prohibido? llanto de los militares

No, no he podido resistirme a dejar que leáis esta carta que hoy me ha enviado un gran amigo militar (previa autorización suya, claro está). Y no puedo resistirme porque creo que en ella queda reflejado el verdadero espíritu castrense. Sí, el de esos militares a los que alguien, algún día, ninguneó por llorar la muerte de sus compañeros, caídos en Afganistán.

El encabezamiento de la carta -'A mi amiga María Ángeles'- me ha llenado de orgullo, no sólo porque he vuelto a comprobar que tengo amigos en las Fuerzas Armadas. Eso ya lo he dicho muchas veces, como también he repetido hasta la saciedad que he trabajado con ellos y sé cómo son y 'de qué pie cojean', si me permitís la expresión.
Foto: Ministerio de Defensa

Esa carta me ha llenado de orgullo porque he comprobado, una vez más, la gran calidad humana de quien me la ha escrito y de los que, como él, sienten el espíritu castrense y están dispuestos a defender sus ideales, sus valores y nuestra seguridad allá donde van. Pero dejo ya la introducción para ir al grano, puesto que el objeto de este post no es mi especial vinculación con el estamento castrense, sino la maravillosa carta que me ha escrito mi amigo. Fer, ya sabes que me refiero a ti. Dice así la misiva:

Hace mucho tiempo, un niño subió a su casa llorando porque el balón con el que jugaba se lo había quitado el dueño del bar de la esquina, por dar en el cristal. Una vez en casa, buscó en su padre la solución a su tremendo desasosiego. Al ser interrogado por su progenitor, le narró los hechos -dar por segunda vez en el cristal del bar, salir el camarero, cogerle el balón...-. ¿Y le pediste perdón? Sí, papá. Y ¿le pediste que te devolviera el balón? Sí, papá. ¿Y qué te dijo? Que me lo daría otro día... y que no llorase, que los hombres no lloran.

Todos los días fallece alguien realizando una labor de riesgo que, en muchos casos, es aceptada como parte del trabajo. Un trabajo que a veces se ve forzado a realizar, pues no hay otro, pero que en otras ocasiones es ejercido de forma voluntaria, pues es lo que desea. En ocasiones, el fallecimiento llega realizando una actividad de ocio que entraña un alto riesgo. Y los fallecidos estaban allí aún a sabiendas de que ese andamio estaba muy expuesto al viento, que esa tolva tenía mala pinta, o que esa cumbre era muy dura de ascender. Y a nadie se le priva, ni muchos menos se le critica, el derecho a expresar su pena mediante el llanto. ¿O acaso la viuda, la madre, la hija, la hermana... de un 'currela' no lloran ante el cuerpo de su marido, su hijo, su padre, su hermano?
Foto: Ministerio de Defensa

Como los civiles, los militares aceptan su trabajo y los riesgos que entraña. Y como los civiles, tienen derecho a expresar su pena mediante el llanto. Así, recuerdo el amargo llanto de una madre abrazada a su hijo pequeño, pues era el único que le quedaba tras 'caer' los otros dos volviendo de Afganistán. ¿Acaso no tenía derecho a llorar? Recuerdo también el amargo llanto de cientos de militares que despedían a sus compañeros, amigos, hijos o hermanos, caídos en numerosas ocasiones en diversos escenarios a los que su Patria les envió. ¿Acaso no tenían derecho a llorar?

Sí, sí lo tienen. A la sazón, son personas que emanan de la sociedad, a la que sirven, y si la sociedad tiene el derecho al llanto, los militares no lo pierden cuando alcanzan su condición. Pierden otros derechos, lo que les sitúa detrás de la sociedad a la que sirven, no debajo, no en una segunda categoría, sólo detrás, porque para ellos, primero son los demás. Pero el derecho al llanto no lo pierden.

El llanto no es otra cosa que la exteriorización de un sentimiento, que está ligado a los valores que se aprenden en casa. De esta manera, lo que para una persona es gozo, para otra es pena, para otra desazón, y para otra... nada. Ésta es la diferencia en el sentir y, dependiendo de quién lo valore, puede ser buena o mala, pero, en cualquier caso, define a la persona dentro del grupo social al que pertenece. Incluso puede definir al propio grupo social dentro de un grupo mayor. Así, se puede discernir entre quienes tienen, y quienes no, esos valores, tan antiguos que ya el alcalde de Zalamea expresó a su hijo en la obra calderoniana, y que no hace falta leer, pues no los escribió Calderón para aleccionar al vulgo, sino que los bebió de él.

Lo demás, la marcialidad, las coreografías, las maniobras, el Gorbea... No ofende quien quiere sino quien puede. Decía una ver una institutriz de SAR el Príncipe de Asturias: "La envidia sajona incita al envidioso a luchar por conseguir lo que envidia. La española, a destruirlo!

Si se le pregunta, del balón no sabe qué fue, pero -responde- llevaré grabado en lo más hondo de mi corazón y de mi alma lo que mi padre me dijo: "Hijo -me aleccionó mientras clavaba sus ojos de segura y sincera mirada en mis infantiles y asustadas niñas-, recuerda siempre que un hombre llora por Dios, por la Patria y por la familia".

Foto: RFEF
¿La última vez que lloré? Ayer. Viendo la tele. Rememorando la victoria del Mundial. ¿Por qué? Porque soy un hombre.

Por cierto, no hace falta ser ruin. Con ser un mierda, es suficiente.

Y la mierda, no llora.

[Nada más que añadir. Mi amigo lo ha dicho todo. ¿No os parece? Polémica zanjada]

jueves, 30 de junio de 2011

En respuesta al artículo 'Morir en Afganistan' de Javier Vizcaíno

Hay que ser ruin para mofarse del dolor ajeno. Incluso, mala persona. Y hay que ser poco profesional para escribir un artículo de opinión sin conocer el tema sobre el que se opina. Lo peor que hay en esta vida es hablar de alguien sin conocer al aludido. Eso, en mi pueblo, es puro chismorreo indocumentado. Pero es mucho peor cuando el que critica a ese alguien es un supuesto o pretendido profesional de la información, cuyo trabajo debería consistir en documentarse bien antes de escribir sobre alguien o sobre algo. No se trata de que uno no opine, sino de que lo haga conociendo el tema sobre el que va a opinar.

Después de esta breve introducción, entro en materia, a pesar de que soy consciente de que este post dará más publicidad a la persona a la que critico. El compañero Javier Vizcaíno publicó el martes pasado en noticiasdenavarra.com un artículo bajo el título 'Morir en Afganistán' en el que hacía referencia a los sentimientos de la Familia Militar tras el fallecimiento, el pasado domingo, de dos de sus miembros por un ataque insurgente en Afganistán.

Pues bien, tras leer (e indignarme) con el artículo de Vizcaíno, me gustaría hacer algunos matices a las opiniones que vierte en él. Y lo hago porque yo también tengo derecho a la libertad de expresión... y porque creo que puedo opinar mejor que él de los militares, puesto que he tenido la suerte de trabajar con ellos y de aprender mucho de ellos. (Quizás el señor Vizcaíno hizo el servicio militar, lo desconozco; pero si lo hizo y convivió con militares... el día que explicaron los valores de la milicia debía estar en la cafetería jugando al mus, el mismo lugar en el que se debía encontrar cuando en la Facultad de Periodismo daban las clases de ética profesional).

Dice Vizcaíno en su artículo (y ya me fastidia darle publicidad) que, tras la muerte de dos de sus compañeros el domingo pasado, los militares se entregaron "a una llantina y a un desgarrado de vestiduras muy poco marcial". Mi pregunta es la siguiente: ¿Los militares no pueden llorar porque son militares, porque son hombres (también hay mujeres, por cierto) o porque son de otro planeta? No entiendo la relación entre el llanto y la marcialidad, la verdad. Quizás en un artículo posterior me lo podría explicar el señor Vizcaíno. Yo, a cambio, le podría explicar la incompatibilidad entre el buen periodismo y la falta de ética.

"Cualquiera diría -opina también el señor Vizcaíno en su artículo- que pensaran (...) que van a un resort de vacaciones a participar en una competición internacional de Monopoly". Y yo le digo a Vizcaíno: ya saben ellos a lo que van a estas misiones; no hace falta que usted se lo recuerde. Pero, ya de paso, le recuerdo yo a usted que este oficio del periodismo tampoco es escribir por escribir, y también tiene unos principios éticos y profesionales que usted parece haber olvidado. Ser periodista no es coger un bolígrafo y escribir unas líneas; este oficio está basado en el conocimiento previo del tema sobre el que vamos a escribir. A usted se le debe haber olvidado en su artículo... ¿Es necesario que alguien se lo recuerde?

Con respecto a lo que dice de las "coreografías que montan a paso de la oca en plazas y avenidas"... Sinceramente, señor Vizcaíno, qué poco conocimiento tiene usted de lo que significa el orden cerrado, algo que vienen haciendo los ejércitos desde antaño. Y qué poco conocimiento tiene usted de lo que significan esos desfiles de cara a la ciudadanía que, por cierto, tiene todo el derecho del mundo a ver esas "coreografías" porque ese Ejército al que usted menosprecia en su artículo es el que defiende los intereses de España dentro y fuera de nuestro país... y también el que fue a Lorca a ayudar tras el terremoto, el que construyó un puente en el Vendrell tras las inundaciones, el que fue a Haití tras el seísmo, el que ayudó a estabilizar Bosnia-Herzegovina (país que ahora se postula para entrar en la Unión Europea)... En definitiva, la institución más valorada por los españoles (a usted no le preguntaron en la encuesta del CIS, imagino) y el que hace que usted, yo, y todos los ciudadanos españoles podamos estar un poco más seguros. ¿O es que es usted de los que piensan que el Ejército no debería existir? Pues mire hacia abajo, hacia Marruecos, por ejemplo. Quizás si el Ejército no existiese usted y yo estaríamos en otra España. ¡Hay que ser ignorante!

Su comentario de los "trozos de anatomía" no puede ser más zafio, irrespetuoso, falto de ética, carroñero... ¿Eso es lo que le enseñaron a usted en la Universidad? ¿O es usted de esos que ejercen el periodismo sin título universitario? Porque desde luego yo no les enseño eso a mis alumnos y dudo mucho que mis compañeros de la Universidad lo hagan. ¿Le gusta el morbo, señor Vizcaíno? Pues entonces igual debería usted dedicarse a los programas del corazón; quizás ahí le iría mejor. En cualquier caso, le invito a que se acerque al Hospital Gómez Ulla y, mirando cara a cara a los heridos, les diga que han perdido trozos de su anatomía porque "la guerra, mecachis", tiene ese "puro cálculo de probabilidades". Si usted hubiera desplegado con los militares en alguna de sus misiones (como he hecho yo) sabría que ellos no tienen miedo a las guerras, porque para eso estudian (¿usted ha estudiado Periodismo?); y sabría que ellos son conscientes de los riesgos a los que tienen que hacer frente, aunque usted lo ponga en duda en su artículo.

Finalmente, en su último párrafo tiene usted un gravísimo error, producto de su falta de información y conocimiento sobre el tema que aborda. Se refiere usted a "los novios de la muerte" y esos, en concreto, son los componentes de la Brigada de la Legión, puesto que así rezan su credo y su canción más conocida. Soy el novio de la muerte... dicen los legionarios cuando cantan... Pero los que fallecieron en Afganistán pertenecían al Regimiento de Infantería 'Soria' nº 9, con base en Fuerteventura. Ellos eran infantes y, en todo caso, se podía usted haber referido a ellos empleando terminologías de su himno, el 'Ardor guerrero'. Claro, que puede que usted haya empleado una sinécdoque, que, por si no lo sabe, es una figura retórica que consiste, según la Real Academia de la Lengua, "en extender, restringir o alterar de algún modo la significación de las palabras, para designar un todo con el nombre de una de sus partes, o viceversa". Sí, será que usted ha empleado esa figura retórica...

El derecho a la libertad de expresión lo tenemos todos, señor Vizcaíno (aunque de señor ha demostrado usted tener poco), pero mofarse del dolor ajeno dice muy poco de su ética como persona y como profesional de la información. Yo le invitaría a que vivieses una temporada con los militares desplegados en cualquier misión para que comprobase que ellos tienen muchos más valores de los que usted supone. Y, por supuesto, unos valores de los que usted carece. Un saludo.

domingo, 26 de junio de 2011

Dos militares españoles, asesinados en Afganistán

La Familia Militar vuelve a estar hoy de luto. Dos de sus componentes han sido asesinados en Afganistán según ha confirmado hace unas horas el Ministerio de Defensa. El vehículo Lince en el que viajaban fue atacado por insurgentes afganos y, como consecuencia, otros tres militares han resultado heridos. Dolor, indignación, tristeza, consternación... Son tantas las palabras que vienen a mi mente y a mi corazón que no sabría cómo describir exactamente lo que siento en estos momentos.

Cuando has formado parte de esta gran Familia Militar, cuando has visto cómo trabajan, cómo sufren, cómo se sacrifican... en días como el de hoy sientes que la labor que realizan quizás no tenga la recompensa esperada. Y menos en países como Afganistán, una auténtica ratonera para las tropas internacionales allí desplegadas. De nada está sirviendo el enorme esfuerzo que las fuerzas de la ISAF están desarrollando en el país asiático. Los talibanes, los insurgentes, siguen atacando a aquellos que intentan lograr un país mejor para los civiles afganos.

Hace tan sólo una semana se produjo otro ataque contra las tropas españolas. El resultado: dos heridos graves (con una pierna amputada, cada uno de ellos) y tres heridos leves. Los cinco pertenecen a la misma unidad a la que pertenecían el sargento y la soldado que hoy han dejado sus vidas en territorio afgano: el Regimiento de Infantería 'Soria' nº 9 que, con sede en Fuerteventura, es uno de los más antiguos de Europa y probablemente del mundo.

La isla canaria sufre hoy la pérdida de otros dos militares allí afincados. Y toda la Familia Militar, y los que, de una u otra manera, formamos parte de ella, estamos hoy entristecidos por tan grave pérdida. Una pérdida que se produce días después de que Estados Unidos anunciase el inicio del repliegue de sus tropas desplegadas en la zona. También España y el resto de aliados retirarán a sus soldados de manera progresiva hasta 2014. Pero ¿en qué situación quedará el país cuando los soldados salgan de allí? Pues poco más o menos como estaba, porque no hay voluntad, por parte de los insurgentes, de que la situación se normalice. ¿Habrá servido de algo, entonces, la gran cantidad de vidas humanas que se han perdido en esta guerra, no admitida como tal por las autoridades españolas?

Siempre que los militares despliegan en estas zonas de operaciones vuelcan sus esfuerzos para que el país vuelva a la normalidad, pero no en todos los casos esa posibilidad es factible. Sí lo ha sido en Bosnia-Herzegovina, donde nuestros soldados estuvieron 18 años; pero es prácticamente imposible en Afganistán, porque, como escuché en una ocasión, no se puede ir allí con la mentalidad de Occidente. Y quizás ése haya sido uno de los grandes fallos de esta operación: no se puede occidentalizar una sociedad que vive poco más o menos que en el Medievo. Y no se puede occidentalizar una sociedad en la que un grupo de terroristas han ganado las mentes de la sociedad civil a través de amenazas para que se sumen a su causa, la causa del terror... Un terror que seguirá estando en Afganistán cuando las tropas internacionales se retiren de la zona.

Siento una profunda tristeza por la pérdida de nuestros dos militares. Ni siquiera los nuevos vehículos blindados Lince, o los RG-31, pueden evitar que haya pérdida de vidas humanas. Un militar me dijo una vez que la seguridad total no existe, y desgraciadamente así es. Por mucho blindaje que lleve un vehículo, siempre habrá un explosivo que pueda con él. Si la semana pasada el IED (Artefacto Explosivo Improvisado) que causó heridas a cinco de los nuestros no fue capaz de acabar con ellos... los insurgentes parecen haber aprendido la lección y, o mucho me equivoco o el explosivo de hoy seguro que estaba más cargado que el anterior. Y casi con toda probabilidad haya sido detonado a distancia, como lo fue el de la semana pasada, según las fuentes militares con las que he podido hablar.

Los insurgente van a por los militares españoles (también a por los de otros contingentes) y nada ni nadie les detendrá. Siempre habrá mayor carga de explosivos, siempre habrá quien los oculte, por miedo a sufrir represalias, siempre estarán ahí... para desgracia de todos los que, durante años, hemos pensado que la solución afgana podía llegar. Pero mucho me temo que saldremos de allí como lo hicieron los rusos en los años 80: con decenas, cientos, miles (en conjunto) de bajas y con las orejas gachas, porque no habremos conseguido el objetivo de que haya paz en una región del mundo tan complicada y tan importante desde el punto de vista geoestratégico.

Que descansen en paz nuestros soldados y mis condolencias sus familias. Ojalá sean las dos últimas víctimas de esta barbarie terrorista que azota el país afgano y que parece no tener fin. Dolor, indignación, consternación, tristeza... Todo un cúmulo de sentimientos para describir lo que hoy siento tras la pérdida de dos de nuestros hombres, de dos héroes que han dejado su vida a miles de kilómetros de su Patria, de nuestra querida España.

viernes, 24 de junio de 2011

Con la prórroga indefinida en Libia el Gobierno se libra de volver al Congreso

El Gobierno no tendrá que regresar de nuevo al Parlamento para solicitar prórrogas a la participación militar española en la misión de Libia. Con la aprobación ayer, en la Comisión de Defensa del Congreso, de una prórroga indefinida, se evita dar cuentas de nuevo a los diputados en caso de que la intervención militar se prolongase más allá de los tres meses adicionales que el pasado 1 de junio aprobó la Alianza Atlántica para la misión 'Unified Protector' que se desarrolla en el país norteafricano. Y todo podría ser. De hecho, la ministra de Defensa ya se encargó ayer de recordar que estos procesos "no son fáciles ni rápidos" y puso como ejemplo la misión en Bosnia-Herzegovina, en la que las Fuerzas Armadas españolas estuvieron 18 años.

En una sesión conjunta de las Comisiones de Asuntos Exteriores y Defensa, las titulares de ambos departamentos, Carme Chacón y Trinidad Jiménez, acudieron a la Cámara Baja para argumentar que la presencia militar en Libia sigue siendo necesaria. En primer lugar, "porque a pesar de que los objetivos militares se han cumplido, la población civil continúa en peligro", afirmaron; en segundo lugar, porque es necesario lograr la paz y la estabilidad que necesita el país de cara a una "transición política" que, por cierto, no está recogida en los objetivos de la Resolución 1.973 de Naciones Unidas por la que se autorizaba la intervención militar en el país.